“Inlandis”, casquete polar, tundra, mar helado y…

Hola de nuevo amigos, recordar que en la anterior crónica, conseguimos remontar los dos glaciares, y por delante nos queda una parte del “Inlandis”, que es la masa de hielo y  nieve que cubre casi toda Groelandia con sus 2.500 kilómetros de larga, por 1000 kilómetros de ancha y mas de 3.300 metros de profundidad.

 

Los días se nos están escapando, y tenemos que doblar las horas en nuestra travesía, por lo que a partir de ahora nunca menos de 12 horas de expedición, llegando a las 12 de la  noche todos los días, que como durante 6 meses como es de día las 24 horas, nos permite avanzar sin problemas.

 

Ramón y yo estamos especialmente felices de haber alcanzado el Inlandis, ahora todo es plano, no hay nada a cientos de kilómetros a la redonda, no hay vida, no hay montañas, no hay nada excepto hielo y nieve hacia cualquier lado que mires.

Importante no perder el rumbo, y sobre todo al menor signo de que sople el inesperado y violentísimo viento catabatico, hay que parar y montar a toda prisa el campamento. Una decisión tardía puede hacer que alguien se congele.

 

Avanzamos muy lentos con nuestros perros Groelandeses tipo “chihuahua”, pero avanzamos. El trineo pesa 400 kilos de peso más nosotros, pero aunque parezca increíble los perros pueden con este conjunto de trineo, carga y nosotros.

Las horas pasan monótonas, mirando para el infinito, y lo único que perturba tanta monotonía, es el fenómeno del “perihelio”, que es la formación óptica de dos soles a izquierda y derecha del sol. Son auténticamente como tres soles unidos por un extraño y fino anillo.

De vez en cuando también cae una especia de escarcha, que es simplemente humedad, que se adentra en el casquete polar, y como la temperatura esta por debajo de los -25º C, se hiela la instante.

El único ruido, el chirriar de los patines del trineo al romper la nieve, son horas y horas sin mas novedades que estas, pero a la vez sientes una paz única. Estas solo, con un buen amigo navegando en nuestro trineo arrastrado por perros, sin otro problema que sobrevivir, alerta a cualquier anomalía, y con la mente prácticamente en blanco. Se me olvida que tengo otra vida, donde hay familiares, amores, una casa con calefacción, una vida, en realidad mucho mas complicada que esta, donde el ruido y los problemas son el día a día, y aquí de repente todo eso se esfuma, te adaptas, afinas el instinto de supervivencia, y sobre todo disfrutas de la fuerza bestial de la naturaleza. ¡¡Amigos es algo único¡¡.

No se compite, no hay velocidad, no se busca la gloria del Everest, no es una aventura mas, es algo diferentes, es uno de los mejores desafíos de mi vida, es maravillosamente placentero”.

 

Así envuelto en mis pensamientos, progresamos decenas y decenas de kilómetros, acampamos en este desierto helado, y el tiempo pasa. La única incógnita que te quita el sueño, si llega el brutal viento catabatico, que todo lo arrasa, puede arrasar incluso con tu vida, como nos cuentas las innumerables historias de los esquimales Inuit.

Nos dicen que en ocasiones sopla tan fuerte, que todo sale volando, incluso las personas si no han conseguido un buen refugio, algo aquí casi imposible.

Los Inuit a pesar de su fortaleza y adaptación excepcional, están inquietos no duermen bien, y nos meten prisa para ponernos en marcha, y no parar en al menos 12 o 14 horas.

Nadie quiere ser pillado por el viento catabatico en el Inlandis. Nosotros también tenemos ya ese respeto, nos ha azotado muy duro dos veces, y sabemos que puede ser mucho mas cruel. Todos queremos abandonar el Inlandis, el lugar donde no hay cabida para la vida…

 

Por fin llegamos al otro lado de esta masa de hielo, y empezamos a descender muy suave, cosa que agradecemos, pues la lentitud con la que se mueve el trineo de Ramón y mío es de horas de diferencia respecto al de los esquimales, pero  no tiramos la toalla, seguimos adelante ante la sorpresa de los esquimales.

Ya nos estamos ganando su respeto, no apostaban por nosotros ni una corona danesa…

 

Como siempre todo va bien hasta que deja de ser así…

 

El descenso pasa de repente de ser suave a radical.

La nieve ha desaparecido, y solo hay hielo vivo, hielo azul, donde pones un pie y detrás viene el tortazo.

Más técnicas Inuit:

Hay que poner una maroma en cada patín del trineo, además de unas cadenas, y Ramón delante frenando los perros y yo detrás dirigiendo el trineo.

 

Empezamos este fuerte descenso con precaución, hasta que perdemos el control y todo se desmadra. Perros por un lado, trineo por otro.

Yo agarrado a los mangos del trineo pero literalmente arrastrado por la inercia y velocidad del trineo. Ramón abandona el barco obligado por la velocidad que va alcanzando, va delante caminando con los perros, pero en el momento del descontrol ya no puede subirse y allí me quedo yo, mirando a Ramón con cara de “chucho” asustado, preguntándome donde esta el manual de instrucciones para esta situación: si me suelto, el tortazo será muy violento y puedo romperme algo, si me quedo la velocidad aumenta por segundos. Las grietas son gigantes, pero como son de hielo vivo el trineo las va saltando.

Ramón grita, y yo no se que hacer.

Como siempre las situaciones se pueden resolver bien, medianamente bien, mal, muy mal o catastróficas.

Nos quedamos en situación mal. “El armario ropero”, consigue frenase violentamente cuando en un momento de suerte se desliza lateral y un pináculo de hielo lo bloquea. Justo en ese momento salgo volando por los aires por delante del mismo, sin mayores consecuencias.

Allí estábamos Ramón y yo observando nuestra obra…

Nos queda mucho para ser Inuits. Y una vez mas la sorpresa es que nadie viene a ayudarnos. Solo nuestro amigo y cámara Emilio Valdés, que tiene esa habilidad de los buenos cámaras de situarse saltando de su trineo, sonde sabe que habrá emoción.

Como siempre acierta y lo tiene todo grabado para que lo veáis en nuestra serie de Desafío Estreno próximamente.

 

Maria y Miguel no tiene  constancia de lo apurados que estamos en diferentes situaciones, y con toda su buena voluntad cuando llegamos a los campamentos nos tienen preparados los “balacof” para atar los perros, y nos ayudan en las tareas domesticas, pues llegamos mucho mas tarde que ellos.

Emilio es nuestra salvación, porque insiste en parase en determinados lugares y esto nos ayuda aunque sea moralmente.

¡¡Emilio gracias¡¡ .

 

 

Por cierto Emilio ha estado con nosotros en nuestro destartalado trineo y se parte de risa de nuestro “modus vivendis”. Un día estuvimos a punto de colarnos por una grieta mientas el lo filmaba. Es el riesgo de los aventureros cámara…

Pasamos este apuro y descendemos el glaciar. Estamos exhaustos, no ha sido nada fácil, y Ramón me confiesa que son los glaciares más duros que ha remontado con trineo arrastrado con perros, y es un tipo con mil y una vivencias árticas.

 

Parece que ahora las cosas iran mejor, pero una vez mas lejos de la realidad…

 

Por delante nos espera a priori mejor terreno, pero es importante que los Inuits se orienten entre la infinidad de posibilidades que existen. Ahora hay muchas pequeñas montañitas redondeadas que hay que subirlas, después a la izquierda, derecha, otra vez de frente, ahora bajamos, volvemos a subir, de nuevo ¿izquierda o derecha?, Ramón y yo vamos tan lentos respecto al resto de los trineos, que el viento en ocasiones borra sus huellas y tenemos que afinar la vista para acertar por donde han ido.

 

Yo personalmente me desespero por la nula ayuda que recibimos de los esquimales y me pregunto si no será excesivo. Estamos en un lugar tan lejos de cualquier sitio, y a la vez tan hostil, radical e imprevisible, que lo mas lógico, o al menos lo que yo haría es ir en grupo, sobre todo ahora que estamos en la zona de principal caza de los esquimales, donde los bueyes almizcleros, caribúes, y sobre todo el temible oso polar están por todas partes, y parece que les da igual.

Esta claro que solitos tenemos que resolver todos los problemas, menos mal que contamos con Emilio como aliado, que en alguna ocasión se planta tarándose literalmente del trineo para exigir que nos esperen, aunque a duras penas consigue que su esquimal se detenga.

Cuando lo hacemos el esquimal a penas esta 5 minutos con nosotros y se “pira” de nuevo.

Me voy a convertir si o si en un esquimal, no me queda elección. Menos mal que esta Ramón que es el que toma las decisiones importantes, y más o menos vamos avanzando.

Nuestros “chihuahuas” se están cansando en exceso, son unos 60 kilómetros los que recorremos diariamente por un terreno muy complicado y esto les esta pasando factura.

 

Hay novedades, vemos en la distancia que están todos parados. ¿Qué pasara?..

 

Han cazado un buey almizclero, y visto y no visto lo han despellejado y troceado la carne. Al menos tendremos comida para nosotros y los perros.

De nuevo estampida de los esquimales y continuamos la marcha.

 

Nieva, hace un frío horroroso, y al estar sin demasiada actividad encima del trineo en estos momentos nos estamos congelando. Hay cerca de -30ºC, es sin duda el día mas frío de todos. Tengo dos camisetas térmicas, un forro polar fino, otro forro polar grueso, el plumas y la parka ártica, y aun así estamos congelados.

Este día no parece tener fin, hasta que llegamos a un collado de unos 500 metros de altura y debajo esta el mar helado.

¡Por fin¡, hemos llegado de nuevo al mar helado, estamos muy al norte, a unos 1000 kilómetros mas o menos del mismísimo Polo Norte, donde se encuentra el territorio del oso polar. Ahora estamos cerca de la única cabaña que tienen los esquimales en esta parte de Groelandia. Hace un año que no llega nadie…

 

Antes tenemos que descender éste collado con el trineo y aparentemente parece complicado. Tiene mucha inclinación y anuncia que pasaran cosas…

 

Empezamos el descenso, y Emilio se queda en ese punto esperándonos porque sabe que algo nos va a pasar…

 

A penas han pasado 200 metros cuando de nuevo perdemos el control del trineo, se nos desmanga, se tuerce, adquiere velocidad, perdida total del control, y todo se “despendola” hacia abajo.

El trineo cobra vida propia, y se hace una bola junto a los perros. Ramón y yo corremos detrás de el sin conseguir alcanzarlo, hasta que se para contra unas rocas y por suerte se detiene justo cuando la parte mas inclinada estaba por delante. Hemos salvado el trineo y los perros inextremis.

 

El trineo volcado, todo desperdigado, los perros hechos una bola. En fin, necesitamos mucho tiempo para recomponernos y continuar la bajada, con más miedo que vergüenza, aunque a eso de las dos de la madrugada alcanzamos la cabaña donde están todos esperándonos.

 

Ramón y yo estamos extenuados y casi  no hablamos, nos movemos como autómatas con las tareas rutinarias: atar perros, darles de comer, deshaz el trieno, etc…

 

La cabaña es autentica como las del siglo pasado, donde nos metemos todos mas el cazador de Sierapaluk que se nos ha unido al grupo. Conseguimos calentarnos, hacer una buena cena, unas risas, y todo colgado a secar por todas partes: camisas, parkas, “gallumbos”, calcetines olorosos. Menudo jaleo de cabaña que tenemos, y aun más jaleo de ronquidos de toda la “peña” que somos. ¡¡Adaptación¡¡.

 

Por la mañana continuamos por el mar helado que ya no abandonaremos durante los próximos 200 kilómetros.

El paisaje es brutal, lleno de icebergs que han quedado atrapados en el hielo como fantasmas que no se mueven. Todo es hielo, es de una magnitud fantástica, y el sol  nos acompaña aunque las temperaturas son bajísimas.

 

Hacemos varias noches en este mar helado, aprovechando para avanzar más deprisa los llamados “Kangoo”, que son los bordes helados de la costa que al subir y bajar la marea forma una especie de pista por donde el trineo se mueve mejor.

Hasta que un día ya no hay mas Kangoo y seguimos por el mar helado.

 

-¡Ramo alto¡, hay huellas de osos por todas partes. Las observamos y vemos que son recientes. El oso esta cerca.-

Ramón saca el rifle y lo tiene a mano, no es una broma, estamos de nuevo solos y los osos son osados y es posible que vengan a husmear. Por si acaso el rifle siempre a mano, solo repite eso todo el rato…

 

¡¡Mira hay dos osos¡¡. Efectivamente vemos por fin los osos en estado libre. Son increíbles, majestuosos, aunque les vemos algo lejos, más bien huyen de  nosotros, pero los vemos durante diez minutos.

Esta claro que es el territorio del oso.

Repito que aquí no hay nadie ni llega nadie desde hace un año, y los que llegan son un máximo de 5 o 6 cazadores Inuits.

 

Así siguen las jornadas disfrutando de todo a nuestro alrededor: osos, focas, zorros árticos, bueyes azmilcleros, icebergs, mar helado, nieve, una costa increíble de montañas verticales con cascadas heladas.

 Es un autentico paraíso helado, donde destacan los icebergs tubulares, inmensas moles de hielo que se desprenden principalmente en estas latitudes del glaciar de Humbolt, y que son planos por arriba  con millones de toneladas de hielo, que están por todas partes, atrapados en el mar helado, y por el medio de ellos avanzamos nosotros en los trineos arrastrados por perros. ¡¡Una gozada¡¡.

 

Por fin llegamos a nuestro objetivo, el día mas largo de todos con 70 kilómetros de recorrido. ¡¡Estamos en el glaciar de Humbolt¡¡. ¡¡Desafío completado¡¡. El glaciar mas grande del hemisferio norte y el segundo mas grande del mundo con mas de 100 kilómetros de frente glaciar. Es la mayor reserva de osos polares posiblemente del planeta. ¡Y aquí estamos¡

 

Montamos el campamento en mitad del mar helado y acompañamos a los esquimales a cazar dos focas necesarias para que los 60 perros coman además de nosotros. Solo cazan por necesidad, nunca por deporte u otro motivo.

Para nosotros ver cazar es muy duro, pero entendemos que es la tradición desde hace muchos cientos de años, y es su única manera de sobrevivir, a penas en esta parte del mundo quedan 20 esquimales que aun vivan según las tradiciones. En 10 o 15 años estos últimos Inuits desaparecerán…

 

La aventura ha sido fantástica, no queremos marchar, nos hemos adaptado, especialmente Ramón y yo. Estamos muy orgullosos de haber conseguido llegar hasta aquí sin ayuda, tal y como lo hacen los últimos esquimales, usando los tríenos de madera, durmiendo en las tiendas de tela que se emplean para la caza, manejando los tiros de perros, cazando lo imprescindible para vivir, en fin ha sido un sueño hecho realidad.

 

Hemos llamado por teléfono satélite a una empresa que esta en Canadá y hemos contratado un pequeño avión de hélices, le dimos nuestras coordenadas y ha aterrizado en el mar helado, junto a nuestro último campamento, para recogernos y llevarnos de nuevo a Thule, desde donde os escribo esta ultima crónica. No podemos retroceder por el mismo camino, necesitaríamos mucho tiempo y tenemos que seguir viajando por este increíble y hermoso planeta buscando más Desafíos Extremos.

 

Pronto volveremos al ártico, en apenas 20 días estaremos de nuevo en otro Desafío. Nos vamos al Ártico Canadiense a corrernos otra impresionante aventura, que si estáis atentos podréis seguir en estas crónicas, y después en televison en nuestro programa Desafío Extremo en Cuatro TV.

 

Jesús Calleja desde le hermoso Ártico Groenlandés, donde hemos vivido una aventura única como los aventureros del siglo pasado.

 

 

 

El maldito glaciar

Hemos Despertado en Sirapaluk, la ultima aldea nativa del hemisferio norte. Desde este punto no hay ningún humando más hasta el Polo Norte, que se encuentra a tan solo 1.300 kilómetros.

Esto es puro hielo, mar congelado, frío, viento, 24 horas de sol, y una climatología hostil hasta no sabéis que punto.

Os recuerdo nuestro objetivo: viajar en trineo arrastrado por perros hasta el glaciar de Humboldt, donde se encuentra la mayor reserva salvaje de osos polares, además de caribúes, y bueyes azmilcleros en estas latitudes.

Por delante mar helado, ascenso de glaciares, descenso de glaciares, el “Inlandis” o casquete polar, tundra, etc.…, será todo un desafío, donde además este año somos los primeros en realizar esta ruta, para acompañar a tres cazadores Inuits (esquimales), ellos quieren cazar el buey azmilclero, y nosotros filmar como es la durísima vida del cazador esquimal. Lo haremos exactamente igual que ellos, incluso nos vestiremos con las pieles de osos polares

 

No hemos salido hasta las tres de la tarde de esta aldea, porque el viento era muy fuerte y los cazadores esquimales tienen miedo de que los vientos catabaticos, que son terribles nos acechen en la ruta, y el  viento de esta mañana amenaza…

 

Pero el viento no va a más, y comenzamos la ruta, una vez que nos ayudan con los pertrechos y algunas compras que hicimos a los locales.

 

Tenemos el respeto de los Inuit de Sierapaluk. Seremos extranjeros en sus tierras, pero con toda nuestra voluntad  seguimos adelante, por la temida ruta de los osos.

 

Empezamos deslizándonos con  nuestro trineo por el mar helado, durante dos horas. El paisaje es brutal. Imaginaros un mar helado, que el propio oleaje hace unas caprichosas formas que se hielan. Durante todo el trayecto hay gigantescos icebergs, que han quedado incrustados en el mar helado, y son como monstruos fantasmagóricos. No hay ni una gota de agua por ningún lado, todo es un mundo de hielo, duro como piedras.

 

La ventisca hoy se deja notar y crea formas irreales a ras de suelo, mejor dicho a ras de mar helado. Hay que tener cuidado de no perder a los otros esquimales. Despistarse en ventisca puede ser un grave problema.

 

Pero avanzamos sin problemas, siempre con el temor al glaciar que nos espera. Nos avisaron que es terrible, difícil, mas de uno ha caído en las gigantescas grietas, y en el pueblo nos avisan que estemos con mucho cuidado que la ruta es tremenda, en especial esta parte de subida al glaciar. Ascenderemos entre 1.600 metros o 2000. a trabes de un glaciar, y cuando lo vemos nos quedamos pasmados. Es una barbaridad de glaciar que da la sensación de ser inaccesible. En si mismo solo ascenderlo como montañeros seria muy duro, pero se me antoja imposible con un trineo de 400 Kg. y tiros de perros. Como se agarraran los perros en el hielo

 

Nos ponemos manos a la obra y es para verlo, lo que son capaces de hacer estos valientes perros groenlandeses. Como tiran, con que fuerza, que músculos. Aunque hay que decir que hay que azuzarlos continuamente y hacerles pasar el látigo por encima de sus cabezas, sin darles pero que oigan el ruido porque si  no, no quieren progresar.

 

Mientras hay hielo o nieve vamos bien, pero pronto nos tenemos que echar contra a morrena y empiezan los problemas. Esta lleno de rocas y piedras gigantescas, y el trineo se nos atasca continuamente. No hay manera de moverlo y da la sensación de no poder avanzar.

 

Me sigue pareciendo imposible ascender por aquí con estas moles de trineos, pero paso a paso, lo vamos consiguiendo.

 

Hay poca nieve y muchas rocas. Nos desgastamos intensamente empujando, levantando el trineo, tirando como los perros, en fin todo tipo de artimañas para avanzar.

 

En muchas ocasiones es desesperante, dan ganas de tirar la toalla, pero no pienso rendirme, ni rendirnos. Es casi imposible por donde pasan los trineos. Es un caos de rocas y casi nada de nieve, y con una pendiente aterradora. Si se suelta el trineo se despeñaría por el abismo y lo perderíamos. ¨¨

Estamos ascendiendo por un autentico glaciar de hielo azul con un armario ropero lleno y un tiro de perros. Es una autentica locura.

 

Después de ocho horas y agotados paramos en un resalte del glaciar y montamos el campamento con nuestros trineos usándolos como camas y por encima una lona sujeta con unos palos a modo de tienda de campaña.

Estamos rotos, tanto los esquimales como nosotros. Que soberana paliza. No se las veces que hemos tirado y levantado este monstruoso trineo.

 

Damos de comer a los perros, cenamos nosotros, descansamos encima de las pieles de caribú, y nos metemos a los sacos para dormir mientras fuera el fuerte viento empieza de nuevo y el termómetro se vuelve a desplomar  muchos grados bajo cero.

Ahora además de estar muy al norte, estamos elevándonos  y la temperatura en el “Inlandis” como se conoce al casquete polar es mucho mas baja. Toca descansar, y dormir aunque tengo pesadillas de pensar si conseguiremos ascender al completo este terrible glaciar de 1.600 metros. Hoy en ocho horas solo hemos ascendido 400 metros por la extrema dureza del terreno, entre rocas y grietas de hielo. Mañana promete que será aun más terrible.

No tengo fuerzas ni para seguir escribiendo. Así que hasta mañana amigos, os seguiré contando otro día, hoy estoy muerto.

También os diré si lo conseguimos o dimos la vuelta, cualquier cosa puede pasar, esto es radical, y mucho más duro de lo que esperamos, incluso de lo que esperaban nuestros amigos esquimales. El año ha sido raro, mucho frío y poca nieve.

 

Estar atentos os los seguiré contando…

 

Jesús Calleja desde el alejado ártico…

Comienza la aventura ártica

Estamos a latitud 78º norte, a tan solo 1.300 kilómetros del Polo Norte, en uno de los lugares sin duda más aislados y hostiles del planeta. Para hacernos una idea de este basto territorio que es Groelandia, mide 2.500 Kilómetros de largo por 1000 de ancho, es decir, casi como Europa en tamaño. Viven tan solo 58.000 personas, y el 80% son de la etnia Inuit, nosotros los conocemos más bien como esquimales. Otro dato significativo que nos da una idea de la cantidad de hielo que hay, es que prácticamente todo el territorio esta cubierto de nieve y hielo, con espesores en el centro de mas de 3.300 metros de hielo. Es tal el peso que ejerce esta enorme masa de hielo que la tierra en el fondo se ha aplastado. Es decir Groelandia es cóncava en su interior, e incluso esta el fondo por debajo del nivel del mar. Por lo tanto es la segunda isla más grande del mundo después de Australia, y casi todo un gran bloque de hielo, con miles de glaciares además de cordilleras montañosas.

Ninguna de las pocas poblaciones que hay en Groelandia están conectadas por carreteras, a penas hay algún kilómetro, y solo es posible utilizar los pequeños aeropuertos de algunas de estas localidades, o acceder por barco en las del sur, porque al norte casi no llega nadie de ninguna manera. Para que os hagáis una idea solo hay un vuelo a la semana hacia Thule, es un pequeño avión de 30 pasajeros, y ni siquiera se lleno la mitad del avión cuando hemos volado a este remoto lugar. Esta verdaderamente en el “ombligo del mundo”

Thule, con 600 personas y Siorapaluk con 40, son las poblaciones nativas mas al norte del mundo, y aquí amigos hoy 25 de abril comienza nuestra gran aventura. El objetivo es alcanzar el glaciar de Humboldt, muy al norte en la llamada tierra de Inglefield. Es el glaciar más grande del hemisferio norte y el segundo del mundo, con 100 kilómetros de frente, y allí se concentra una de las más grandes reservas de osos polares del mundo. Pero no solo oso, también hay muchos caribues y bueyes azmilcleros.

Aquí en Groelandia también hay restricciones para la caza, aunque casi no hacia falta ponerlas, porque ya prácticamente los cazadores esquimales están desapareciendo, apenas hay en Thule veinte, y de esos 20, tres de estos expertos nos acompañaran en la que esta considerada una de las grandes rutas de caza de los antiguos esquimales.

Es una ruta larga, difícil, y peligrosa, que intentaremos hacer como los auténticos esquimales e igual que en el siglo pasado lo hicieron los exploradorers que llegaron al Polo Norte, que justo este año se cumplen 100 años de la primera llegada al Polo por Peari.

Se necesitan muchos días para llegara a la tierra de Inglefield, y no hay ayuda posible, solo se puede llegar de una manera: en trineo arrastrado por perros groenlandeses.

Cruzaremos varias veces el mar helado, ascenderemos por un glaciar muy duro, lleno de temibles grietas que nos da accesos a el llamado Inlandis, que es en realidad el casquete polar, y luego descenderemos por otro glaciar hasta la tundra, para proseguir de nuevo hacia el mar helado. Los trineos cargados pesaran unos 400 kilos de peso a los que hay que sumar nuestro peso.

Somos Emilio Valdés, Maria March, Miguel Herrero, Ramos Larramendi, Tres esquimales Inuit, y yo.

Groenlandia: Thule la aldea esquimal más al norte del planeta

Hola amigos, estoy en Groelandia donde empezare mi siguiente Desafío. Groelandia es casi tan grande como Europa, pero solo viven 56.000 personas, no existen carreteras que conecten ninguna ciudad o pueblo. En realidad es una gran masa de hielo y nieve de sur a norte, es el lugar mas radical que uno puede imaginar.

Pero aquí se encuentran los auténticos cazadores árticos, los Inuits. Gentes adaptados como nadie a vivir en estas latitudes con temperaturas en invierno cercanas en ocasiones a los -50ºC. Aquí me encuentro escribiendo esta crónica, en una aldea llamada Thule, después de necesitar algo mas de tres días para llegar  volando en un pequeño avión, teniendo que hacer paradas cada poco para cargar combustible y alcanzar este punto, tan al norte que solo estamos a 1.300 Km. de distancia del polo norte, mas o menos como desde Málaga a Barcelona. En este pueblo “thule”remoto lugar viven unas 600 personas . Hace pocos años, casi todo el mundo era cazador, pero desde que llegaron los tiempos modernos quedan pocos auténticos cazadores árticos. Han cambiado sus casas de piedra y turba, o de hielo llamados también “iglus”, por unas pequeñas casas de madera, construidas a base de subvenciones del gobierno danés, de quien depende Groelandia como una región mas de Dinamarca. Los Inuits no están satisfechos perteneciendo a Dinamarca y ansían una independencia que posiblemente según referéndum empezara a forjarse a partir del año 2012. Estos esquimales están resentidos también con la base americana que se encuentra a unos 200 kilómetros de este punto.

En el año 1951, los americanos instalaron una base en plena guerra fría, para controlar el mundo desde este punto, y la construyeron junto al pueblo Inuit. A ellos nadie les pregunto, simplemente la construyeron con autorización de Dinamarca, y tan solo dos años después tuvieron que irse de sus propias tierras, porque se hizo imposible la convivencia con los militares, y estos simplemente les invitaron a irse, y eso hicieron en el año 1953, viviendo durante un año en sus antiguas tiendas e iglus, a 200 kilómetros de la que había sido su aldea desde tiempos inmemoriales hasta que los americanos les construyeron las casitas que hay en la actualidad. A partir de esa fecha poco a poco la modernidad empezó a introducirse lentamente pero sin tregua. Ahora hay un pequeño aeropuerto con una pista de 850 metros que se construyo en el año 2001, y Dinamarca subvenciona puestos de trabajo administrativos, y aparecieron otros trabajos que poco a poco están terminando definitivamente con la cultura esquimal de los Inuits.

 

Hace tan solo 30 años todo el mundo era cazador y las familias vivian exclusivamente de la caza y eran maestros de este arte manteniendo un perfecto equilibrio con la naturaleza, pues aquí es muy abundante la caza. Las familias eran felices.

 

Ahora hay una realidad diferente, con la modernidad también aparecieron vicios como el alcohol, que esta haciendo estragos, la gente joven no quiere ni oír hablar de caza, y la vida se desarrolla entre dos mundo, pero a miles de kilómetros de las llamadas civilizaciones del primer mundo.

El contraste es extraño y nos deja asombrados, los esquimales que hemos contratado nos dicen que en tan solo ocho años ya no habrá ningún cazador.

 

Por suerte tienen sus normas y son tajantes, como la de prohibir que entren las motos de nieve, pues Thule esta casi todo el año bajo la  nieve, y el único trasporte que aquí existe es el trineo arrastrado por perros de nieve.

Hay muchos mas perros que personas, y es sin duda el animal protagonista de estas latitudes.

 

Lo peor de  esta modernidad, es que ha ido aniquilando las artes ancestrales de la caza y la supervivencia en el clima mas radical del plantea.

 

Nuestro Desafío y objetivo es convencer a cuatro esquimales (que ya lo hemos conseguido) de los más expertos que aun se niegan a tanta modernidad, y viajar de la manera tradicional a los lugares mágicos de caza.

Nos dirigiremos al glaciar de Humboldt, que es el mas grande del hemisferio norte y el segundo mas grande del plantea con 100 kilómetros de frente, donde se encuentra una de las mayores concentraciones de osos polares. Los veremos según nos dicen  sin ningún problema, es más, habrá que estar muy atentos porque ellos vendrán hacia  nosotros, especialmente cuando durmamos atraídos por el olor  nuestro y el de la comida.

Por el camino que recorreremos íntegramente en trineos arrastrados por perros groenlandeses, atravesaremos la tundra, el casquete polar llamado “Inlandis” y el mar helado. Todo repito con tiros de perros y trineos.

Cazaremos focas para alimentarnos nosotros y los perros, y los Inuits cazaran o al menos lo intentaran un buey azmilclero, dentro del cupo asignado para su supervivencia. Yo no soy cazador, y nadie de los que aquí estamos los somos, pero tenemos que vivir y rodar la realidad de lo que aqui ocurre, y la caza para estas familias es imprescindible, es cuestión de supervivencia, no un deporte.

 

En esta aventura estamos: Emilio Valdés amigo y cámara, Maria March experta buceadora y aventurera, Un amigo de Madrid llamado Miguel Herrero, y nuestro experto ártico Ramón Larramendi.

Además Ramón Larramendi y yo hemos alquilado 16 perros y un trineo, y queremos ser autosuficientes. Viviremos la experiencia de primera mano, y por lo que Ramón me dice es muy, pero que muy difícil controlar el trineo y los perros, pues entran de vez en cuando en un frenesí, que se vuelven medio locos y no hay manera de controlarlos, por lo que puede que marchemos al “culo” del mundo.

Resultara sin ninguna duda una durísima prueba de supervivencia y la queremos vivir con todas las consecuencias. Ramón manejo estos perros hace 15 años y dice que no es un  atarea nada sencilla y que después de 15 años será todo un desafío para el controlar a 16 fieros perros  esquimales, y un trineo que puede pesar mas de 250 kilos lleno de carga.

Llevaremos fusiles para protegernos de los osos (no necesariamente hay que dispararlos, solo disparar al aire para auyentarlos), arpones para cazar focas y todos los pertrechos necesarios para esta aventura tan extraordinaria.

 

Mañana estibaremos los tríenos, y  nos pondremos en marcha, hacia el norte, por la antigua ruta de los cazadores ahora muy poco frecuentada, en la que este año seremos los primeros en adentrarnos.

Estaremos solos con  nuestros amigos esquimales, y nos lo “curraremos” bien duro, por pasos de montaña, tundra, hielos, pasos delicados, mares helados, temperaturas muy bajas de muchos grados bajo cero, y nos quedaremos a unos 1000 kilómetros del Polo Norte, en la llamada tierra de los  “NANOK”, traducido: “Tierra de lo osos Polares”. En fin será toda una gran aventura en pleno siglo XXI, y ahora vemos a los esquimales mas excitados que nosotros pues van a recordar sus antiguas aventuras de caza.

Somos la gran novedad en estas alejadas tierras, o mejor dicho hielos. Todos hablan de los extranjeros que han llegado hasta aquí para cazar con los más expertos esquimales en las tierras de los osos del norte. La verdad que yo personalmente me siento pletórico y también muy excitado por esta gran aventura.

 

Os la estare contando puntualmente. Nos vemos amigos…

 

Jesús Calleja desde la tierra de los esquimales Inuit.

 

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Pero no solo aquí el mar es hostil. Seguir leyendo Tierra de Fuego, lugar indómito…

Cordillera Darwin (Fin del Mundo)

Hola amigos, por fin otra vez en acción. Ya tenia ganas, me paso contando los días para empezar una nueva aventura. Esta va a ser muy espectacular: escalar en la cordillera Darwin, en plena Tierra de Fuego y sin retornar a casa, y casi sin descanso empalmare con otra increíble expedición, me voy en un pequeño velero desde Ushuaia, en la punta sur de Argentina hasta la Antartida. Seguir leyendo Cordillera Darwin (Fin del Mundo)…

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