TODO SOBRE EL RÉCORD DE VUELO

¡Últimas noticias desde el Amazonas! Jesús Calleja lograba contactar hoy vía telefónica y nos ha aclarado algunos detalles sobre el vuelo realizado en la selva amazónica, detalles que nos obligan a rectificar la información enviada a los medios ayer; pedimos disculpas de antemano por ello, teníamos en nuestra contra la dificultad en las conexiones, problemas con los teléfonos satélite y la escasísima cobertura en zonas de tan densa vegetación, razones por las que no pudimos afinar en la información proporcionada.

Para empezar, puntualizar de nuevo que el record se ha establecido teniendo en cuenta el escenario en el que ha sucedido: se trata del vuelo en globo más largo jamás realizado sobre la selva amazónica. Y el equipo de Desafío Extremo lo ha podido llevar a cabo gracias a la maestría, audacia y el saber hacer de sus compañeros de expedición, Ángel Aguirre, Miquel Mesegué y Carles Figueras, miembros de Globus Kon-Tiki, empresa especializada en vuelos en globo aerostático y en los que Jesús y Emilio han encontrado unos alter ego ¡igual de temerarios que ellos!

El vuelo lo realizaron dos globos, en uno viajaban Miquel y Carles y en el otro Jesús, Emilio Valdés (cámara) y Ángel. La distancia recorrida definitiva fue de 77 kilómetros en línea recta –no 60 kilómetros, como publicábamos ayer- sobre la selva del Amazonas, lo que definitivamente bate el anterior récord, establecido en 30 km. Un récord conseguido hace una década por los propios miembros de Kon-Tiki. Nadie se atreve a volar sobre el Amazonas por lo tremendamente radical del escenario: la única posibilidad es el río o las copas de los árboles y las probabilidades de caer en un lugar completamente remoto e inaccesible son altísimas (por no hablar de los peligros inherentes de la selva). La complejidad del reto es máxima, lo que minimiza enormemente los intentos de vuelo en globo sobre estas selvas.

La distancia “real” recorrida, en términos de ruta –si siguiéramos el track real del globo- serían algunos kilómetros más, probablemente superarían los 80 kilómetros.

En cuanto al aterrizaje de ambos globos estos sucedieron así: el globo pilotado por Miquel y Carles cayó en el río, y pudieron acceder hasta una playita, donde tuvieron la increíble suerte de que una barca con pescadores norteamericanos a bordo pasaba por allí y les pudieron rescatar ¡no se lo podían creer! ¡Esperaban de todo menos asistencia por el río!

Mientras tanto, a varios kilómetros de ellos, el globo en el que volaban Jesús, Emilio y Ángel aterrizaba en mitad del archipiélago fluvial más grande que habían visto en sus vidas, y que seguramente sea uno de los más grandes del mundo: una pequeña isla anegada de agua en el propio Río Negro (principal afluente del Amazonas). Cayeron en medio de la selva que poblaba la isla. En estas selvas, la dificultad del aterrizaje es extrema, debido a los miles de árboles, lianas, etc… que crecen allí; fueron golpeándose con muchos árboles hasta que el globo finalmente se detuvo, quedando colgados (la cesta del globo con ellos dentro) de los árboles a 20 metros de altura. Tuvieron que rapelar para llegar al suelo y después talar siete árboles para recuperar la cesta y el globo.

Una vez hubieron descendido, comenzaba otra tarea no menos exigente y complicada: transportar, empujar y arrastrar unos 200 metros la cesta, la vela y todo el material hasta el río, donde esperarían el rescate en las lanzaderas (las canoas a motor que han apoyado la expedición por río).

Tuvieron que esperar toda una noche para ser rescatados: una noche infernal, en una zona infestada de todo tipo de insectos y animales, y en la que recibieron incluso la visita de un enorme cocodrilo de 5 metros de longitud que “amenizó” la espera del equipo, ya que no mostró ninguna intención de dejarles campar libremente por su zona de caza.

Al día siguiente, pudieron reunirse finalmente los dos equipos. La conclusión final es de que la expedición ha resultado un ¡enorme y rotundo éxito! No sólo porque se ha conseguido el récord, Jesús está totalmente entusiasmado con la que ha sido una aventura excepcional, en la que no se les ha regalado nada y en la que todos los vuelos -salvo quizá, el primero- han sido increíblemente complejos y cargados de dificultad.

Un reto conseguido gracias al apoyo inestimable de los miembros de Globus Kontiki, auténticos expertos del vuelo en globo, los únicos capaces de abordar una gesta como la conseguida junto al equipo de Desafío Extremo.

¡Enhorabuena a todos!
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CHUTE DE ADRENALINA MÁXIMA

Hola amigos, el día de hoy ha sido de lo más adrenalítico de mi vida…

Ayer por la mañana, se decide que será mi día de la suelta, es decir tendré que volar solo en el globo, miento, estará  Emilio, que filmará lo que ocurra y lo que nos ocurra, qué tío, qué valor tiene, yo no lo haría…

Casi no duermo de los nervios, imaginaros, que sólo he tomado dos clases de vuelo en globo y ahora tengo que hacerlo solo, y en un lugar donde nadie vuela, el Amazonas, porque no hay lugares para aterrizar: o en el agua o en los árboles…

Cargamos las lanzaderas (canoas con motor), y localizamos un lugar donde pensamos que los vientos me llevarán a otra posición que más o menos tenemos calculada.

Descargamos todo, instalamos el globo, tarea siempre tediosa, y cuando está el globo montado y casi inflado, Ángel, Miquel y Carles, deciden que no vuele, se ha levantado viento y sobre todo, hay fuerte térmica.

Yo que estaba con los nervios de punta…, y ahora se cancela, pues nada, esto es así, ya me avisaron que lo más difícil es decir que no.

Recogemos todo, lo metemos en las canoas y de vuelta a Cuieira, donde tenemos el campamento base.

El resto del día lo dedicamos a reparar el globo grande en la aldea, lo inflamos y lo atamos con cuerdas para que sólo suba y no se marche, esto se le denomina “vuelo cautivo”.

Para probar la dureza de la reparación metemos gente del pueblo en el globo, les subimos  a 20 metros y les bajamos, así paseamos a toda la gente de la aldea y alguno más que llego de aldeas vecinas. Se convierte en una fiesta el pueblo, y todos disfrutamos de lo lindo.

Pero el globo reparado no nos convence del todo, lo han cosido las lugareñas, y no tenemos el material necesario de nylon, ni el cosido apropiado, son cosidos comunes de aguja e hilo, y así hemos tapado 50 agujeros, alguno de 3 metros de grande, ¡y con este globo tan precario pretendemos batir el record! así que yo lo miro de reojo a Carles, que dirigió las tareas de reparación y me responde que no le mola nada de nada el estado del globo.

Al atardecer se desata una fortísima tormenta (algo habitual) recogemos el globo, cenamos y a la cama, mañana madrugaremos a las 4.30h de la mañana, es decir, aún de noche, para preparar el globo y estar volando a las primeras horas del día, este será mi segundo intento de volar solo, para que me den la suelta.

De nuevo nervios, tensión, casi sin dormir, y un nuevo día…

Amanece, y seguimos el plan de anoche: llevamos todo en las canoas, localizamos otro lugar porque el viento está “raro”, algo me dice que no va todo bien…, pero decidimos seguir con el plan.

Armamos el globo, y cuando estoy a punto de subirme y con la vela inflada, me dice Ángel que el viento ha vuelto a cambiar de dirección y además está subiendo de velocidad, y eso es el enemigo numero uno del globo, el fuerte viento en superficie…

Deciden que hoy tampoco habrá vuelo para mi solo, no me lo puedo creer ¡qué mala suerte! y estas indecisiones me están matando de los nervios.

Después de consensuar se decide ¡que no tendré suelta solo! que lo máximo es que Ángel se monte conmigo y Emilio, y yo realice el vuelo sin que nadie me toque ningún mando, pero siempre Ángel supervisándolo todo.

La verdad que me llevo una decepción, esto no es una suelta de vuelo en solitario, pero es lo que hay…

Despegamos sin contratiempos, y efectivamente el viento es fuerte, nos saca del rumbo que habíamos calculado, y me tengo que elevar a 200 metros para pillar algún viento que recomponga mi rumbo, y decididamente volamos para donde no queríamos, hacia el interior de la selva, pero con una sola opción de aterrizar sobre el río Negro entre selva y selva, luego no puede haber fallo o nos iremos Dios sabe dónde…

Pero ahora viene lo mejor ¡no os lo perdáis!

Cuando estoy en vuelo de crucero un fuerte viento nos lanza a 60 km/h, y después a 40 km/h mantenidos, esto es espectacular, dentro de mi siento el alivio de “menos mal que subió Ángel en el último minuto…” porque a dónde iría yo a parar solo con ese viento y con una sola oportunidad para aterrizar en el agua y no en la selva…

Cuál sería mi sorpresa mayúscula y mi incredulidad, cuando veo a Ángel que se pone un paracaídas y bromea que es “por si acaso, que él nos salvaría a los dos…”

Me pregunto si será así, pero Ángel de repente se sube al borde de la cesta del globo, y sin ninguna pregunta, me dice en tres segundos: “¡Que tengas suerte Jesús¡”

¡¡Y el tío, va y se tiraaaaaaaaaaa…!!!

Me quede estupefacto yo solo en la cesta del globo, con Emilio filmándolo todo, a 40 km/h de viento y con una sola opción de aterrizar en el río Negro entre una mancha de selva y otra aún más gigantesca.

¿Os imagináis? ¿no parece una autentica pesadilla? ¿que se tire el piloto en vuelo y te diga que tengas suerte?.

Pues allí estábamos Emilio y yo, Emilio es un pedazo de profesional filma hasta el último detalle, sin protestar ante semejante situación y claro está, que nada puede hacer, así que dependemos de mi mini cursillo de dos vuelos y dos horas de vuelo…

Recapitulo todo lo aprendido, lo que Ángel hacía, cómo lo hacía, y sobre todo me acuerdo de todos mis profesores de vuelo, tanto de estos globeros, como de mi instructor de avión Bernardo, o de helicópteros Luís, todos dicen lo mismo: “siente cómo vuela, después interpreta y finalmente actúa.”

Cojo aire, y me pongo a pilotar, lo primero que hago es ver dónde ha caído Ángel, porque es de verdad espectacular verle tirarse por la barquilla y después de un vuelo corto (se tiró el bruto desde sólo 200m), aterriza en la selva, ¡y queda colgado de los árboles! Informo por radio en qué posición más o menos ha caído, que el aterrizaje no ha sido bueno y creo que tiene problemas.

Después me centro en resolver el mío, veo al fondo que se termina la mancha de selva, observo el río Negro y al fondo de la otra orilla la selva más salvaje que os podáis imaginar.

Decisión inmediata: perder altura, pero con una velocidad vertical de máximo 1.5 metros por segundo, algo que es difícil de calcular, y lo hago abriendo un poco la parte alta del globo (se llama paracaídas), que es por donde se escapa el aire caliente y el globo desciende.

Me pasé abriendo esa escotilla ¡y el globo empieza a caer como una piedra! Nervioso, activo el doble quemador y consigo atenuar la bajada, aún así me aproximo al río a tal velocidad que me voy a estampar, además traemos mucha inercia del descenso y del fuerte viento de altura. Me fijo en el variómetro y me doy cuenta que no conseguiré frenarlo a tiempo.

Le grito a Emilio:”¡entra en la cesta!¡ YA!”, él está colgado por fuera para hacer las tomas, se mete rápido, guardamos los instrumentos en el bidón estanco, y nos preparamos para el fuerte impacto…

Efectivamente caemos contra el agua y la cesta se llena inmediatamente, se inclina, pero consigo enderezarla sin que se apaguen los quemadores, si esto hubiese ocurrido sería fatal, porque como hinche tanto el globo para frenarlo, el efecto rebote hace que salgamos despedidos a gran velocidad de nuevo hacia arriba, y sin llama no quemo propano, y sin quemador nunca podría frenar el segundo aterrizaje… Hemos tenido suerte, pero queda lo peor…

De nuevo reboto a 80 metros y ahora tengo que descender porque se me está terminando el río y me voy a estampar en mitad de la selva, así que abro la parte alta del globo (el paracaídas) para que rápidamente salga aire caliente y el globo empiece el descenso, a la vez le doy al quemador para recuperar algo de calor al interior de la vela y atenuar la bajada.

La idea parece funcionar y consigo reducir a tan sólo 0.5 metros segundo, velocidad perfecta para la toma… 20 metros, 10 metros, 5 metros, 3, 2, 1 metros y contacto.

¡Increíble, a tan sólo 20 metros de la orilla consigo posarme suavemente dejando la barquilla derecha y además mantengo con ligeros toques de gas la vela erguida para que no caiga al río!

Amigos, he hecho un aterrizaje que no se lo creen ni mis maestros, y el globo intacto, Emilio y yo a salvo, gritamos de emoción, lo celebramos, excitación, orgasmo, que más se puede decir, he volado solo en unas condiciones complicadas y he aterrizado en el afluente más importante del Amazonas tan suavemente que no nos hundimos como en anteriores vuelos, y por si fuera poco, conseguimos mantener el globo erguido para mantener la flotación hasta que vino el rescate.

 

Después poco a poco pusimos el globo contra los árboles de la orilla, y rescatamos el globo sano y salvo.

Pero queda rescatar a Ángel, no sabemos nada de él y esto es urgente…

Utilizamos las canoas lanzaderas y nos ayudan dos indianos de una aldea vecina que vieron todo el desenlace para adentrarnos en la espesura de la selva y localizar a Ángel, pues con los nervios se olvidó la radio, y no hemos sido capaces de contactar con él…

Damos pasadas por la selva anegada, estamos en la época de las lluvias y parte de la selva está inundada, en este lugar no hay casi tierra firme, todo está sumergido y los dos indianos nos dicen que es peligroso bajarse de la canoa, que está infestado de cocodrilos y sobre todo de las rayas arponeras, que están en los fondos anegados y al pisarlas te lanzan un arpón que te atraviesa la pierna, o donde te alcance.

Pero no conseguimos ver a Ángel, así que no hay más remedio que calcular el área donde ha podido caer, y prepararnos para caminar con el agua hasta la cintura y, en ocasiones, hasta el pecho.

Lo hacemos por esta selva anegada, donde no se ve el fondo, las aguas como su nombre indica son negras. Caminamos sin ver nada, no sabemos donde pisamos ¿estarán las rayas debajo? ¿o los cocodrilos? ¿o las grandes serpientes del Amazonas?.

Penetramos en el interior con la ayuda de los indianos, que menos mal que nos acompañaron, porque ellos tienen su técnica de hacer ruidos y agitar el agua para espantar a los bichejos malignos.

Después de un buen rato ¡localizamos a Ángel!

Está colgando de un árbol, y no pudo llegar al suelo, ni ha podido cortar el paracaídas porque había mucha altura hasta el suelo, estaba al límite, las piernas dormidas y con dolores de la incómoda posición, además muy preocupado por nosotros, él no tenía noticias del aterrizaje nuestro.

A decir verdad, no creo que estuviera muy preocupado, pienso yo, porque el cabroncete se tiró sin avisar, así que, o mucho confió en mí (cosa que dudo, con sólo dos horas de vuelo) o está más grillado que nosotros, y eso es difícil…

Al final, todos contentos: globo recuperado, Emilio sano y salvo al igual que yo, Ángel vivo para lo que le pudo haber pasado al aterrizar en mitad de la selva, y yo además con la suelta en globo más espectacular que ningún alumno haya podido tener.

Todo ha salido bien, ¡y no veáis como lo celebramos¡.

Ahora nos hemos dividido en dos grupos: uno regresará a Manaus a cargar las botellas de propano y yo me quedaré con Javier y Emilio en otra aldea para aprender las técnicas de supervivencia necesarias para sobrevivir en esta selva tan terrible, además viviremos durante dos días con un indiano en mitad de la selva para estar a punto en estas fundamentales técnicas en el Amazonas. Tendremos que aprender a localizar comida, cazar, pescar, hacer fuego en la lluvia, orientarnos, qué tocar y qué no, afrontar cocodrilos, serpientes y otros animales peligrosos, será vital para nuestro objetivo, por si caemos en la selva.

En dos días nos juntaremos de nuevo los dos grupos y pondremos rumbo a las partes altas del río Negro a más de 500 kilómetros hacia el interior (estaremos a 2.500 km del Océano Atlántico en mitad de la nada), en la selva más hostil que existe en el planeta, para intentar algo que nadie antes lo ha conseguido y ni siquiera planteado: batir el record de vuelo en distancia y tiempo en un globo de aire caliente en mitad del Amazonas, en su parte más inhóspita.

Dependeremos sólo de nosotros, si algo sale mal, o los vientos cambian su rumbo repentinamente nunca sabremos a dónde iremos a parar, y cuando el gas se termine nos estrellaremos en la selva más impenetrable del planeta.

Si sobrevivimos al impacto, luego tendremos que caminar, nadar, y lo que haga falta, hasta encontrar un afluente que nos lleve a algún río donde el barco nos pueda rescatar. Pero depende de dónde ocurra esto, puede ser un día, dos, una semana o  un mes.

Al menos sabemos lo que hay y estamos preparado para todo, aunque no sé si para enfrentarnos cara a cara con un jaguar, una anaconda, o un gigantesco cocodrilo y aquí los hay ¡a miles!

Como veis es una de las expediciones más brutales y adrenalíticas de toda mi vida, estad atentos que lo que es una gran incógnita es el desenlace, y de momento, hasta ahora, hemos hecho cosas que nadie antes ha hecho, y lo que queda es el plato fuerte…

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¡ESTAMOS LOCOS!

Os preguntaréis el porqué del título de esta crónica, pues porque es la única verdad, locos hay que estar para volar en plena selva del Amazonas, ¡no hay dónde aterrizar! y lo hemos vivido en plenas carnes…

Nos toca uno de los vuelos largos para testar los globos con mucha carga y de paso este día me servirá para hacer acercamientos al suelo… quise decir a los ríos o las copas de los árboles, para practicar mis futuros “estrellamientos”: aquí casi nunca se aterriza.

Lo que parecía un juego casi termina en tragedia…

El día esta perfecto para volar, está cubierto con nubes medias y alguna baja, esto nos facilita que no existan las llamadas térmicas, temibles para pilotar un globo. Para que os hagáis una idea, un globo asciende y vuela si existe una diferencia de 80ºC, es decir provocamos una autentica térmica artificial.

Como ejemplo aquí hoy tenemos unos 35ºC, para que vuele el globo tenemos que subir la temperatura del globo (que se llama la vela) a ¡110 ºC! es decir, necesitamos elevar 80ºC  a los 35ºde la temperatura ambiente, pero si llega a 120 ºC, la tela del globo se funde.

Esta es otra de las enormes dificultades, cada 5 segundos hay que quemar gas para no descender, pero el globo adquiere altísimas temperaturas, lo que hace que el gas se gaste muy deprisa.

Si el gas se te gasta muy rápido, tienes que aterrizar como sea y donde sea, porque con estas temperaturas el globo sin quemar gas se desploma y sin duda te matas. Además os recuerdo que aquí solo hay agua y árboles gigantescos, pura selva.

Pues esto es lo que nos pasó…

El día, como decía, fantástico; despegamos sin novedad, el globo asciende suavemente y a medida que ganamos altura el paisaje es único. Se ve la selva magnifica, infinita, con cientos de ríos y afluentes por todas partes, el agua es de color cobre desde el aire, la selva parece irreal, increíble e incomprensiblemente gigante.

Vamos avanzando a buena velocidad, yo sigo practicando ascensos, descensos, el río se convierte de repente en una especie de masa verde, que son millones de algas que crecen cuando las aguas están más paradas. En el horizonte las nubes medias, las bajas y las nieblas locales dan al paisaje un tinte tenebroso, radical, incontrolable.

Creo sin equivocarme que he hecho uno de los vuelos más especiales y fantásticos de mi vida.

Tenemos la suerte de nuestro lado y los vientos que vamos a buscar a 1000 metros de altura son nuestros aliados y nos llevan por el mismo rumbo del Río Negro, que es justo lo que queríamos, porque un poco a la derecha o a la izquierda, te adentras en una selva impenetrable, donde no existen ni siquiera poblados y por lo tanto aldeas o tribus, por lo que si terminamos en esos parajes podemos pasarlo mal, muy mal…


Así que de momento toda va inmejorable. Hago mis practicas, descendiendo en sendas de planeo, gracias a las perfectas indicaciones del maestro Ángel, que con sus 4.000 horas de vuelo en globo, es un lujazo tenerlo de profe, además de sentirte protegido porque Carles y Miquel están volando junto a nosotros en el otro globo, el grande, el que utilizaremos durante el récord.

Nos filmamos, fotografiamos y disfrutamos desde un globo al otro, con el pedazo de paisaje bestial a los pies, a la izquierda, a la derecha o hacia arriba, allí donde mires es perfecto, es como dice mi amigo Emilio: poesía.

¡Ya le voy pillando el rollo a esto! Aunque es difícil de verdad, muy complicado manejar un aparato que vuela pero que sólo sube o baja, no se dirige. Llegamos incluso a tocar con la cesta en el río Negro, lo surfeamos metiendo la cesta un metro en el agua, y después nos elevamos, vamos, una sobrada…

Cruzamos islas, selva, ríos, y continuamos el curso hacia el oeste, cuando Ángel me dice que sólo nos queda botella y media de gas, de las seis que tenemos. Ángel cambia el gesto de relajado, por el de: ¡en guardia¡, ahora hay que pensar en descender, llevamos dos horas volando, y sin duda ya me he convertido en los segundos en el mundo que más kilómetros y tiempo vuelan en la selva del Amazonas, a si que ya es un record.

Ahora hay que buscar dónde aterrizar, y esa es la cuestión…

Yo sigo pilotando, porque Ángel no quiere que suelte los mandos y siga practicando a pesar que tendría que hacerlo él, pero está forzando mi curso, en sólo dos días más tendré que volar solo el globo, lo que se conoce como “la suelta”.

Nos coordinamos con el otro globo, y para desgracia de ambos globos, no hay más que aguas del río Negro, o la pura selva con árboles de 40 metros, así que está claro: hoy nos estrellaremos con control…

Deciden por radio que sea en el río Negro. Estamos muy lejos de la aldea Cuieira, y hay que estrellarse…

Empezamos nosotros suavemente, y después lo hará el otro globo, para ayudarnos entre todos. Después damos coordenadas y posición a nuestro pequeño barco y a las dos “voladeras” como se llaman a las canoas estrechas y rápidas. Ellos tendrán que llegar lo más rápido posible, porque se puede hundir globo, la cesta y nosotros si  o nos rescatan rápido, todo se irá llenando de agua y sin duda terminará en el fondo.

Ya estamos cerca del agua, un poco más, un metro, medio metro le “canto” a Ángel. Nos preparamos para caer en el río, y ¡horror! el viento en superficie es más del esperado, Ángel nos alerta y nos dice que nos la vamos a pegar de lo lindo.

Nos sujetamos fuerte y llega el trompazo, pedazo de choque contra el agua, en 5 segundos la cesta esta llena de agua, nosotros logramos salir, mientras la cesta empieza a rotar, es vital no quedar debajo, porque nos podemos quedar dentro y boca abajo en el río..

Nos revolcamos sin abandonar la cesta pero de alguna manera Emilio, Ángel y yo salimos despedidos, el globo sigue acelerándose, no para ¡horror! nos arrastra sin parar y la cesta hace cosas raras, las cuerdas se enredan entre la cesta debajo del agua y lo peor de todo es que empiezan a echársenos encima.

Si esto fuera poco, pues no doy crédito a lo que está ocurriendo, veo por el rabillo del ojo al otro globo que viene hacia nosotros sin control, rebotando en el agua y más deprisa que el nuestro. Me quedo en blanco cuando en un visto y no visto, la cesta se nos viene definitivamente encima, finalmente nos arrolla, justo me da tiempo a gritar a Emilio y la esquiva por 5 cm. Yo me preparo para hacer lo mismo, pero sorpresa…

Algo se me enreda en un pie y sobre todo en el cuello, es la maldita cuerda por la que Emilio salio del globo en vuelo para hacer unas tomas espectaculares, que ahora culebrea salvaje por el agua y se va enredando a todo, entre esos enredos está mi cuello.

No sé cómo pero en un segundo noto la cuerda al cuello, se tensa, hasta casi ahogarme, y como el globo no ha perdido velocidad y sigue avanzando, la cuerda se ha enganchado en los bajíos del río, se tensa y yo horrorizado me hundo sin poder hacer nada.

Tengo una cuerda al cuello, otra en el pie enredada y me hundo unos 4 metros y quedo atrapado bajo el agua. Abro los ojos y todo esta casi negro, me envuelve agua rojiza, y algas que crecen desde el fondo que también empiezan a enredarse, que situación tan complicada y terrible…

Con gran desesperación pasa el tiempo y no consigo desenredarme, me queda un minuto de vida y me afano en sacar la cuerda del cuello, que consigo con gran dificultad.

Arriba Emilio, que vio a qué velocidad me sumergí, al igual que Ángel, me están buscando pero yo he quedado atrapado a 50 metros de donde paran ellos.

Sigo casi en el fondo del río pero consigo zafarme de la cuerda asesina y nado hacia arriba con gran dificultad porque la del tobillo sigue enganchada, pero tengo que salir del agua, me estoy ahogando…

Con gran apuro llego a la superficie, y grito con desesperación para que me oigan y me ayuden, sigo con un pie enganchado a la cuerda haciendo mucha fuerza sin poder quitármela de encima, me exige mucho esfuerzo y me estoy agotando, veo que se acerca una de las “voladeras” (la canoa rápida) y me agarra una mano que tira de mi y no pueden ni ellos en un primer intento de sacarme, porque la cuerda en el tobillo hace mucha fuerza, además  tengo decenas de algas gigantes enredadas.

En un segundo intento consiguen alzarme en la canoa.

Me quedo pálido, agotado, no doy crédito de lo justito que he estado. Mi reflexión inicial es que me quiero ir, no quiero más globo en la selva, casi me mata.

Solo de pensar que además de lo que ha pasado, este río está infectado de cocodrilos, rayas arponeras, peces eléctricos, boas constrictor, anacondas, y mil bichejos más…

Después me sereno y nos vamos juntando todos en el barco grande que llega después de un rato, pues estamos los tripulantes de los dos globos cada uno por un sitio.

Los dos globos están hechos un desastre, uno más que el otro, las cestas hundidas, las botellas de gas colgando de las cestas, todo boca abajo, los globos entre el fondo del río, y los árboles vecinos, todo lleno de algas.

Por delante tenemos trabajo casi hasta la noche, y eso que ahora son las 11 de la mañana para sacar todo del río de mala manera.

Hay que bucear para meternos en las cestas sumergidas, descolgar las botellas de propano, sacarlas del fondo, rescatar los bidones estancos con el material, sacar las propias cestas, y la gran odisea de recuperar la vela del globo, que al ir sacándola se hace una gigantesca bolsa que almacena toneladas de agua, que van desgarrando la tela y haciendo boquetes.

Al globo pequeño conseguimos recuperarlo -con desperfectos- más o menos aceptable, pero el grande está destrozado, más de 50 agujeros, algunos de tres metros, un auténtico desastre, está casi inutilizado.

Y este es el globo con el que tenemos que batir el record.

Casi de noche alcanzamos la aldea de Cuieira, descargamos todo el material recuperado, con la ayuda de las gentes de la aldea.

Ronda una ambiente pesimista, está todo en muy malas condiciones, no tenemos hasta este momento idea de si podremos recuperar el globo principal.

Nos van ayudar las gentes locales a coser el globo, pero son 50 roturas que pueden abrirse cuando sometamos el globo a plena carga en el record.

Las cosas se han complicado extraordinariamente, algo tendremos que hacer, pero no sabemos el qué.

Mañana, yo intentaré otro vuelo con Ángel para mejorar mi cursillo express, porque tengo que volar solo, si no lo hago tampoco podré meterme en esta gran aventura de batir el record del mundo de vuelo en globo de aire caliente en la selva del Amazonas, y mientras, otra parte del equipo se quedará a reparar todo el día el globo principal.

Ahora la incertidumbre es total, tenemos que seguir mi curso preparatorio para la suelta, pero este es otro peligro, si me estrello mal y lo rompo, ya nos podemos ir para casa, o el hospital..

Ahora es por la mañana, estoy viendo los dos globos tirados en la pequeña playa fluvial mojados, rotos, y nos preguntamos cómo continuara esta expedición.

Lo mejor es que hemos renovado ánimos, estamos más motivados ¡y nos hemos conjurado para resolver hasta el final! no tiraremos la toalla, e inventaremos lo que sea necesario para continuar, al menos un globo está a salvo.

Amigos, esto es duro, muy duro, durante 15 horas hemos estado sacando los globos del agua, con un esfuerzo titánico de todo el quipo, la suerte es que tanto Ángel, como Miquel y Carles son tozudos como nosotros, son de los nuestros, siempre a por todas..

Estad atentos porque esto promete más de lo que me hubiera imaginado: riesgo, peligro, incertidumbre, pero un gran chute de adrenalina, una fantástica aventura…

Jesús Calleja en mitad de la selva del Amazonas.

www.jesuscalleja.es

 

AMAZONAS FUENTE DE LA VIDA

Hola amigos, de nuevo embarcados en una apasionante aventura, esta sin duda va a resultar impredecible…

Queremos hacer un vuelo en globo en plena selva del Amazonas y además batir el record del mundo de distancia en vuelo en un globo de aire caliente.

Nadie vuela en globo en la selva, y sólo se conoce un vuelo experimental por un francés y el realizado hace 10 años por tres catalanes, que recorrieron 30 kilómetros.

Así que nos pusimos en contacto con esos tres catalanes que tienen una empresa de vuelos en globo en Igualada que se llama Globos Kon-Tiki, lo discutimos, y aquí estamos: Angel, Carles, Miquel, Emilio (mi cámara), y yo con la intención de batir ese record de distancia.

Nuestra intención volar entre 150 a 200 km y esa distancia, en globo de aire caliente, es una “burrada”, y hacerlo en la selva aún más, las térmicas nos pueden enviar a Dios sabe dónde…

Además, la temperatura es tan alta en el Ecuador (estamos sólo a 200 km), que necesitamos mucho gas para desplazarnos: dentro del globo la temperatura será de unos 115 ºC (a 120 ºc, la vela se derretiría y nos mataríamos).

A lo que hay que añadir que, en la selva, no hay más que árboles, algunos de 40 metros, y ríos que son afluentes del gran río Amazonas.

Es una auténtica locura, porque sólo podremos aterrizar en los árboles o en los ríos y si hay suerte en alguna playa diminuta.

Estamos en Manaus la capital de la región de la Amazonia en Brasil, es la última ciudad en esta parte tan hostil del Amazonas, a partir de aquí hacia el Oeste no hay más que pequeñas aldeas y tribus, cuanto más arriba más aislamiento, y muy poca comunicación con blancos.

Hemos contratado a un catalán que lleva 21 años en Manaus, montó su empresa de aventura (JRD Amazonas) y él nos da la logística que necesitamos.

Necesitamos un barco que nos tendrá que rescatar allá donde nos estrellemos. Este barco remontará unos 500 km, navegando por el río Negro, que es el principal afluente del río Amazonas. Después, despegaremos desde un lugar llamado Barcelo, e intentaremos batir este loco récord. Repito: nadie vuela en la selva por la extrema dificultad del perfomance del vuelo, y sobre todo porque un globo no se maneja, no tiene dirección, vas a dónde te lleve el viento, por lo que no tenemos ni idea a donde iremos a parar, y menos aún dónde y cómo aterrizaremos ¿en la copa de una árbol de 40 metros? ¿en una playita? ¿en un gran río? ¿en un afluente? ¿en mitad de la selva…?

Todo es una grandísima incógnita, y un helicóptero no podrá sacarnos si caemos en mitad de la selva, no puede ni aterrizar, ni vernos, así que seremos autónomos y tendremos que sobrevivir en este lugar infestado de cocodrilos, boas constrictor, anacondas, jaguares, rayas arponeras, peces eléctricos, peces parásito que se meten por el culo, culebras venenosas, etc… estamos en la selva más radical del planeta, muy en el interior, donde se calcula que unas 70 tribus aun no están contactadas, donde la malaria está presente en cada rincón, con infectos millones de mosquitos.

En fin, es un auténtica aventura que la catalogaría de locura. Cuando en pleno siglo XXI, sólo dos expediciones han volado en globo en el Amazonas, lo que ya habla de qué dificultad estamos hablando.

Si conseguimos este record y salimos airosos, será sin duda el primer gran récord mundial que batiremos en la serie Desafío Extremo. Es una aventura radical, excitante, misteriosa, loca, con un desenlace que nadie puede predecir…

Por si esto fuera poco, los únicos que no sabemos volar en globo, somos Emilio y yo, y a Emilio le toca grabar y a mi aprender en sólo una semana a volar en globo de aire caliente, y tendrán que darme la suelta, es decir: tendré que volar solo desde un punto a otro, y conseguir aterrizar con el menor daño posible, os recuerdo que sólo hay dos lugares donde aterrizar: o en plena selva o en los ríos.

Si consigo superar el curso de vuelo express y hacer la suelta (volar solo), estaré listo para empezar el récord. Si no lo consigo no me dejarán acompañarles a batir el record

El Desafio lo haremos en dos globos, yo pilotaré uno junto a Ángel y Emilio.

Miquel, Carles y Renato (un piloto brasileño), pilotarán el otro globo.

Después, donde nos caigamos o aterricemos, nos tendrán que rescatar Javier con su equipo y esto lo filmarán otros dos compañeros cámaras que estarán en el barco: Mario y Belén.

Javier tendrá que buscarnos usando el barco como campo base, que avanzará por el río principal, y después en canoas muy estrechas tendrán probablemente que adentrarse por afluentes -donde ni ellos antes han navegado- hasta localizarnos allá donde nos encontremos.

Dependemos de ellos para sobrevivir, si no nos localizan nuestras posibilidades serían muy limitadas. Estamos en la selva más peligrosa y radical del planeta, y el caprichoso aire nos dirigirá a cualquier lugar…

El día 6 llegamos a Manaus, hicimos las compras finales de comidas, cuerdas, aparejos de pesca, etc… y zarpamos en un pequeño barco local de madera aguas arriba en dirección Oeste por el Río Negro, uno de los principales afluentes del río Amazonas.

Hoy os escribo desde una pequeña aldea de 31 familias junto a un afluente que se llama Culleras.

Aquí la vida es sencilla, cultivan mandioca y poco más, también pescan, y su vida es tranquila, felices, nos miran con gran sorpresa, y para nosotros también es fascinante comunicarnos con ellos y que nos dejen fondear en su aldea para preparar el primer vuelo de entrenamiento.

Aquí pasaremos dos días entrenando, y nos miran sorprendidos cómo sacamos la cesta del globo, los quemadores, la vela, el gas, equipos de navegación, cosas que os iré explicando más adelante.Vamos equipando, y montamos todo hasta terminar de armar el globo, en una clase magistral que me imparten mis nuevos amigos globeros, aunque de vez en cuando me cae una bronca porque soy poco disciplinado…

Después de mucho dudar (es muy tarde para despegar) decidimos hacer un vuelo, nada recomendable, porque se nos ha echado el tiempo encima, son las 10 de la mañana y con este clima de fuerte calor, se producen térmicas muy importantes que pueden estrellar el globo. Aún así decidimos hacer un vuelo a baja cota cerca del río Culleras por si nos caemos de repente, y la misión de hoy es familiarizarme con la mecánica de funcionamiento.

Así que decidimos hacer el primer vuelo, que será corto, pero intentaremos cruzar este pedazo de río Culleras y aterrizar sanos.

En esta ocasión yo me ocuparé de los quemadores que lanzan una pedazo de llama espectacular (gasta 100 litros de gas propano a la hora), imaginaros que “llamón”. Prácticamente con los quemadores tienes que gobernar el globo haciéndolo subir y bajar.

La maestría de Ángel hace el resto, él me dice: “abre..; cierra, más quemador, usa el doble quemador, cincos segundos de fuerte llama”, en fin, hago lo que me pide, pero yo  aun no sé calcular las llamaradas, el globo se eleva demasiado y Ángel tira de una cuerda, abre lo que se llama paracaídas y el globo por fin desciende, después a pequeños toques en los quemadores, Ángel afina la llegada a la otra orilla, y empezamos a arrastrarnos sobre el terreno, en esta ocasión esta bastante despejado aunque hay hierbas altas, ramas y al fondo árboles.

El globo parece no detenerse nunca y lo peor de todo es que Emilio se ha colocado donde no debía, (siempre buscando, como buen profesional, la mejor toma) y queda casi debajo del borde de la barquilla arrastrándose. Por muy poco no le quedan las piernas debajo pudiéndoselas haber roto.

Cómo corría el Emilio (ja, ja, ja…!) no podía librarse de la trampa pues estaba atado a la cesta y no pudo soltarse. En el último momento, mientras Ángel maniobraba para parar el globo, yo consigo subirle las piernas y evitar un desenlace trágico.

El globo se detiene del todo, Emilio con las piernas enteras, yo con cara de susto en el fondo de la cesta y el globo enredado entre los arbustos.

Ángel concluye: “ha sido suave el aterrizaje y qué lujo de lugar para tomar tierra.” Emilio y yo le miramos, con cara de sorpresa preguntándonos ¡cómo serán en el futuro!

Por delante una pedazo de aventura, mi curso será acelerado, tendré que volar solo, y cuando lo consiga: ¡a por el récord del mundo de vuelo en globo de aire caliente!

Aunque por el camino conoceremos tribus y poblados muy aislados, paisajes increíbles, fauna y flora única donde, por daros algún dato, os diré que sólo en estos ríos hay 2.500 especies de peces, de las que 1.500 se comen, y una quinta parte del agua dulce del mundo está en la cuenca del Amazonas. ¡¡Es un lugar bestial!!

Amigos, estad atentos que nos esperan muchas aventuras en esta expedición donde casi nada se puede predecir.

Jesús Calleja, cerca del ecuador a 2000 km del océano atlántico en el interior de la selva del Amazonas.

www.jesuscalleja.es

 

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