UNA VÍA LLAMADA “CASTILLA Y LEÓN ES VIDA”
Publciado por jesuscalleja - 11/07/11 a las 01:07:52 pmHola amigos… vaya palizón de últimos días, ¡ni sé los que llevamos sin dormir! Pero os aseguro que ha merecido la pena, porque ha sido un desafío precioso, lleno de atractivos y, sin duda alguna, el más divertido y cómico de todos los que hemos vivido desde que comenzamos la serie… ¡Vaya descubrimiento con Edu! Todos, mi hermano Kike, Emilio Valdés, y yo mismo, hemos disfrutado muchísimo de su compañía… ¡¡y vaya risas, amigos, vaya risas!! Ya veréis en el programa el buen rollo que ha habido entre todos.
Bueno, os voy a contar las últimas horas ¡de infarto! en Mongolia: tras nuestro paso por el desierto, donde alucinamos literalmente con todo, con el paisaje, con la gente, con todo… teníamos que emprender rumbo a las paredes de granito en las que se iba a estrenar Edu en la escalada, ¡donde le esperaba el desafío final! En el pequeño aeropuerto de Gobi nos vimos sorprendidos por un temporal terrible, tuvieron que cancelar todos los vuelos durante 12 horas, las que estuvimos esperando pacientemente a que saliera nuestro avión. ¡Por fin volamos! Teníamos tanta ilusión por escalar en este país que nada más llegar a Ulán Bator, sin descansar, sin dormir, alquilamos otra furgo y pusimos rumbo al lugar donde nos esperaban “nuestras” paredes. Y nada, al poco de llegar a la base, apenas tres horas después, tras descansar un poco, ya nos pusimos a darle a la escalada libre! En este tipo de escalada se emplean únicamente las manos y los pies como elementos de progresión, nada más, y la verdad que teníamos ganas de enseñar esta disciplina en algún programa de Desafío Extremo. Estuvimos un montón de horas, como doce horas, practicando con Edu, enseñándole… y se le hacía un poco cuesta arriba, lo veía dificilísimo, muy complejo… Nos habíamos propuesto escalar en una zona espectacular (¡en la que al parecer éramos los primeros españoles que lo hacíamos!) una vía abierta hacía un par de días (un 6 b+/6c de grado de dificultad) de la que conseguimos la primera repetición, y ahí el pobre Edu no consiguió ni despegar. Le montamos un top rope (escalas con la cuerda por arriba, de manera que si te caes te quedas colgando, no caes al vacío) logró avanzar un poquito… ¡pero acabó desesperado!
Así que, ya que parecía que éramos los primeros españoles en la zona nos fijamos un nuevo objetivo: una nueva vía, abierta por nosotros, en una zona, y una pared, increíblemente bonitas: una especie de pirámide de granito en mitad de un valle que parecía sacado del cartón de las pinturas Alpino! y nos pareció el mogote más bonito de todos, así que ¡estaba decidido! Allá que nos fuimos a subirla con la filosofía de hacerlo de la manera más limpia posible, ni parabolts, ni clavos, ni nada… Abrimos la vía desde abajo y rapelamos con cordinos que luego recogimos, no quedó nada en la pared, ni rastro de nuestra huella.
El resultado fue una vía muy bonita, vertical, con dos secciones difíciles, en las que Edu lo paso un poco mal pero pudo, finalmente, completarla ¡y llegó arriba! Yo abrí la vía de primero, y luego Kike subió detrás ayudando a Edu, que estaba entusiasmado, pletórico porque nunca había hecho algo ni remotamente parecido, y por la belleza de la línea que abrimos en la pared: tenía fisura, lajas, bavaresa, y placa, ¡tenía todo lo que uno busca en las paredes, a la hora de escalar! Así que a esta ruta de 50 metros tan chula, y en un lugar tan especial, decidimos llamarla “Castilla y León es vida”, como el lema de la tierra de todos los que estábamos allí, menos Edu, claro… pero le hemos leonizado estos días, e invitado a pasarse por nuestra comunidad ¡a pasárselo de miedo! Y ha dicho que por supuesto, así que… ¡ya es uno más!
Amigos, estamos felices de haber recorrido un país alucinante, con unas gentes increíbles, de haberles visto entrenar para el Nadaam, haber visto cómo se las gasta aquí el clima, en un medio tan hostil y tan variado, que va desde montañas nevadas hasta el desierto abrasador, montados en un vetusto y peculiar vehículo ruso, haber llegado a un valle que parece una pequeña suiza de granito impecable… y lo más interesante de este viaje, Edu ¡sin duda!
Ahora me toca descansar un poco, pero seguiré en la brecha porque planeo investigar unos fondos marinos espectaculares en las islas maldivas para un programa especial de buceo, ¡ya os contaré, amigos!
Por ahora, a recrearme en los recuerdos de la fantástica Mongolia ¡hasta muy pronto!
Jesús Calleja
ENTRENANDO A EDU
Publciado por jesuscalleja - 06/07/11 a las 12:07:48 pmHola amigos, desde la última vez que os escribí hemos recorrido cientos y cientos de kilómetros. Alcanzamos por el fin el desierto de Gobi tras una paliza soberana desde Ulan Bator montados en nuestras queridas furgonetas rusas, que nos llevan como pueden a través de esta inmensidad árida del sur de Mongolia.
Es alucinante recorrer estas planicies infinitas durante horas y horas ¡y no encontrarte un alma! , Una vez dejamos atrás los últimos pueblos, hemos constatado el promedio que poseen aquí: menos de 2 habitantes por km² (Mongolia es el estado soberano con menor densidad de población en el planeta)… ¡y tampoco llevamos mala media nosotros con las penurias mecánicas! Durante el trayecto hemos roto la caja de cambios dos veces, los sistemas eléctricos, la carburación… ¡no ha faltado nada por romperse!
Afortunadamente hemos podido ir arreglándolos.. hasta ahora, que se ha vuelto a romper.
Hemos ido acampando según avanzábamos hacia Gobi, montando las tiendas donde parábamos, en mitad de la nada, porque aquí no hay un sólo metro de asfalto, todo son pistas que atraviesan las enormes estepas mongolas. La verdad que todos, Kike, Emilio, Edu y yo mismo estamos disfrutando muchísimo de recorrer un lugar tan despoblado donde los únicos habitantes que te puedes llegar a encontrar son los nómadas (¡cada cientos de kilómetros, claro!) que aquí crían caballos o camellos, con los que te puedes adentrar en el desierto de Gobi, ¡es muy emocionante cruzarte con los únicos que pueblan estas tierras!
Y bueno, amigos, cuando por fin hemos alcanzado nuestro objetivo, el desierto, hemos vuelto a alucinar: Gobi no es el típico desierto de mar de dunas, es muy variado, con tipos de suelos y relieves diferentes, desde planicies interminables hasta estrechos valles;
pero sí cuenta con enormes dunas de arena. Y nosotros las hemos encontrado, unas enormes dunas gigantescas, que nos han dejado boquiabiertos!
No podíamos dejar pasar la ocasión para comenzar con el entrenamiento intensivo de Edu, al que le hemos hecho subir a su cima bajo un sol de justicia y a unos 40 graditos de nada… también hemos subido a montañas de 2.500 metros de una cordillera cercana, siempre buscando el máximo desnivel y haciéndole pruebas de escalada en condiciones complicadas, preparándole un poco para el desafío final, la escalada de paredes de granito.
Os confieso que estamos un poco intranquilos con esto, sobre todo por motivos de seguridad, porque apenas tenemos información de la zona de escalada, ni de si está equipada convenientemente o no, ni de los itinerarios, que tendremos que explorarlos…, sólo sabemos a ciencia cierta que es uno de los focos principales de escalada de Mongolia, que es muy atractivo ¡y que registra muy, muy pocos visitantes! Y en cuanto a Edu, pues se va a estrenar en granito que no es precisamente la escalada más sencilla…
¡Bueno, ya nos enfrentaremos al problema cuando lo tengamos delante…! De momento nos quedamos con la travesía que hemos hecho en camello por el desierto, y con los encuentros con los amables nómadas que nos hemos encontrado, gentes súper hospitalarias que nos han abierto sus casas (sus Ger) a la mínima. Esta gente no deja de asombrarnos, ni sus costumbres ni su modo de vida.
Ahora mismo os escribo desde mitad de la nada, todavía en el desierto de Gobi, detenidos aquí porque estamos de nuevo con la furgoneta totalmente averiada -la caja de cambios, otra vez- y a no ser que logremos repararla tendremos que encontrar un transporte para llegar a la zona de las paredes, hacia donde pensábamos poner rumbo mañana.. así que, ya os contaré, amigos, si logramos llegar, y cómo!
Jesús Calleja desde el infinito desierto de Gobi
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